Dios no nos ama - Baruch Spinoza - Hugo Gabriel Oviedo




Spinoza fue un filósofo judío neerlandés de origen portugués del siglo XVII. Es interesante señalar que sus posturas en materia religiosa le valieron la excomunión en 1656. Esta excomunión se debió a que su concepción de Dios se alejaba significativamente de la visión judía e incluso de las concepciones monoteístas en general. Tanto es así que Espinoza renunció a publicar ciertas obras en vida y su segundo libro, donde aborda la cuestión de Dios, el Tratado teológico-político, fue publicado bajo seudónimo. Spinoza era consciente de que exponer una concepción de Dios tan alejada de las ideas tradicionales podía acarrearle graves consecuencias; por prudencia prefirió no hacer explícitas sus ideas mientras vivía.

La pregunta aquí entonces es: ¿qué rechaza Espinoza de la concepción clásica de Dios? El primer punto que critica es la idea de que Dios sea un ser con voluntad, con un proyecto, y que los seres humanos seamos el resultado de ese proyecto. Esto incluye la atribución a Dios de propiedades humanas como sentimientos, pensamientos o deseos, características que se encuentran en muchas descripciones bíblicas sobre las reacciones de Dios ante el comportamiento humano. Por ejemplo, en el Antiguo Testamento se presenta a un Dios vengativo, colérico e implacable.

Según Spinoza, estos son sentimientos propios del ser humano, no de un ser perfecto e infinito como Dios. Acusa a los hombres de haber creado a Dios a su imagen, invirtiendo la famosa frase que dice que Dios creó al hombre a su imagen. Para él, esta visión limitada no se corresponde con la verdadera naturaleza de Dios.

¿Por qué esta proyección humana sobre Dios es problemática? Porque, según Spinoza, Dios es un ser perfecto e infinito, y esto forma parte de su definición. No estamos hablando aquí de su existencia o inexistencia, sino de su definición. Un ser perfecto no puede tener deseos, porque el deseo es señal de carencia. Cuando deseamos algo es porque nos falta. Sin embargo, en el caso de Dios, nada le falta; nada está separado de él. Por lo tanto, atribuirle voluntad o deseo implica asumir que no es perfecto, lo que es una contradicción lógica.

De igual forma, hablar de un Dios vengativo o incapaz de controlar sus emociones sería reducirlo a las mismas imperfecciones humanas. Según Spinoza, esta visión limitada es comprensible, ya que los humanos solo pueden pensar desde su propia experiencia, pero pretender que esta visión sea la verdad sobre Dios es problemático.

Finalmente, señala que esta concepción antropomórfica de Dios es utilizada por las instituciones religiosas como un mecanismo de control. Un Dios vengador que premia o castiga según el comportamiento humano encaja en un esquema de poder político-religioso. Si Dios carece de emociones, deseos o voluntad, desaparece la amenaza del castigo divino y con ello se pierde un instrumento clave de dominación.

Para Espinoza, Dios no tiene afectos, deseos ni proyectos. Se podría decir que Dios se contenta con existir. No espera nada de nosotros, porque esperar es querer, y para Espinoza Dios no depende de nada. Dios no es nuestro padre, no necesitamos temerle ni rendirle culto.

En la concepción clásica, Dios es considerado un ser exterior al mundo, separado de la naturaleza. Espinoza rechaza esta idea. Para él, Dios no está separado del mundo ni es un ser trascendente por encima de él. Incluso va más allá: Dios no es propiamente el creador del mundo en el sentido tradicional, porque ser creador presupone ser anterior y exterior a lo creado.

En definitiva, Espinoza propone una visión monista del mundo: no hay separación entre cuerpo y espíritu, sino diferentes modos de considerar una única sustancia. Dios no está fuera del mundo; está presente en todo lo que existe.

Tal vez, si buscamos una forma de libertad, deberíamos preguntarnos quiénes somos y actuar conforme a nuestra propia naturaleza.

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