Dios ha muerto - Hugo Gabriel Oviedo
Cuando Dios muere en nosotros: el umbral del pensamiento No fue un acto, ni una decisión consciente. No nos levantamos un día diciendo que íbamos a dejar de creer. Más bien, ocurrió lentamente, casi en silencio, como se derrumban las estructuras que durante mucho tiempo parecían inamovibles. Durante años —quizás siglos en nosotros— habitamos una imagen de Dios que ordenaba el mundo: un Dios que juzga, que castiga, que premia, que observa. Un Dios que garantizaba el bien y el mal, que sostenía el sentido, que ofrecía respuestas antes incluso de que las preguntas se formularan del todo. Pero algo empezó a resquebrajarse. No fue necesariamente una negación frontal. Fue, más bien, una incomodidad creciente. Una sospecha. Una distancia. Como si esa imagen ya no lograra sostener lo que vivíamos, lo que pensábamos, lo que experimentábamos. Y entonces, sin darnos cuenta del todo, empezamos a desplazarnos. En ese movimiento, nos encontramos —quizás sin buscarlo— con la intuición...