Entradas

Mostrando las entradas de abril, 2026

Dios ha muerto - Hugo Gabriel Oviedo

Imagen
  Cuando Dios muere en nosotros: el umbral del pensamiento No fue un acto, ni una decisión consciente. No nos levantamos un día diciendo que íbamos a dejar de creer. Más bien, ocurrió lentamente, casi en silencio, como se derrumban las estructuras que durante mucho tiempo parecían inamovibles. Durante años —quizás siglos en nosotros— habitamos una imagen de Dios que ordenaba el mundo: un Dios que juzga, que castiga, que premia, que observa. Un Dios que garantizaba el bien y el mal, que sostenía el sentido, que ofrecía respuestas antes incluso de que las preguntas se formularan del todo. Pero algo empezó a resquebrajarse. No fue necesariamente una negación frontal. Fue, más bien, una incomodidad creciente. Una sospecha. Una distancia. Como si esa imagen ya no lograra sostener lo que vivíamos, lo que pensábamos, lo que experimentábamos. Y entonces, sin darnos cuenta del todo, empezamos a desplazarnos. En ese movimiento, nos encontramos —quizás sin buscarlo— con la intuición...

Como Ladrón en la Noche: El Despertar Espiritual - Hugo Gabriel Oviedo

Imagen
El Despertar: el ladrón que vino a destruirte  “Vendrá como ladrón en la noche… y nadie sabrá el día ni la hora.” Durante siglos se esperó ese momento mirando al cielo, como si algo externo fuera a irrumpir en la historia humana. Pero nunca vino de arriba, porque nunca fue afuera. Siempre fue adentro. Y cuando ocurre, no se anuncia, no pide permiso, no da señales: simplemente irrumpe. Como un ladrón. Pero no viene a robarte lo que tenés, viene a quitarte lo que creías ser. Tus ideas, tus certezas, tus creencias heredadas, todo ese sistema que te dijo qué pensar, qué sentir, quién ser… empieza a desordenarse sin cuidado. Lo que antes era importante deja de serlo, lo que te definía pierde peso, lo que te daba sentido ya no alcanza. Y ahí empieza el verdadero problema, porque no es iluminación lo que aparece primero, es desorden, es caída, es ruptura.   Es lo que algunos llaman, con una belleza que no alcanza a nombrar el dolor, la noche oscura del alma. Pero no e...

Dios No Tiene Sentimientos - Hugo Gabriel Oviedo

Imagen
El fin de un consuelo  Hay ideas que no nacen para tranquilizar. Nacen para romper. Decir que Dios no tiene sentimientos no es una provocación gratuita… es una ruptura con una de las creencias más arraigadas del ser humano: la necesidad de que exista alguien allá arriba que sienta por nosotros. Porque si Dios siente… entonces puede amar. Y si puede amar… entonces puede elegir. Y si puede elegir… entonces puede preferir. Pero ahí empieza el problema.  Imaginemos una escena simple, casi incómoda. De un lado, una oración: “Dios, dame un auto”. Del otro, la oración de un niño que acaba de perder su casa bajo una bomba, que quedó en la calle, sin nada. Si usted tuviera que responder una sola… ¿a quién elegiría? La respuesta es inmediata. No hay que pensar demasiado: elegiría al niño. ¿Por qué? Por empatía. Por dolor. Por humanidad. Pero entonces, sin darse cuenta, ha revelado algo profundo: ha actuado por sentimiento. Y si Dios actuara así, si respondiera en función d...

Dios No Humilla Ni Enaltece a Nadie - Hugo Gabriel Oviedo

Imagen
Un delantero camina hacia el punto penal. El estadio contiene la respiración. No es sólo un tiro: es una escena cargada de historia, de esfuerzo, de expectativas. Patea… la pica… y la pelota se pierde por encima del travesaño. Error. Nada más humano que eso. Sin embargo, después del partido, aparece otra lectura. El jugador N° 9 explica lo sucedido desde su fe: Dios lo humilló. Porque “el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido”. Y ahí, más que el penal errado, aparece algo más interesante. La interpretación. Porque lo que está en juego no es si la pelota entró o no. Lo que está en juego es cómo le damos sentido a lo que pasa. Decir que Dios lo humilló supone algo fuerte: que existe una voluntad divina que interviene en una jugada puntual para corregir una actitud.  Que Dios observa el gesto —picar la pelota—, lo juzga como soberbia, y responde con una lección. Pero, ¿realmente funciona así? Si fuera así, el mundo sería un tablero perfecta...