Cuando la Sombra de la Literatura ilumina la Contemporaneidad - Hugo Gabriel Oviedo

 

En este juego de la oscuridad y de las luces, es evidente que si hay una zona iluminada es porque también hay sombras. Lo contemporáneo es poder visualizar no solo la zona iluminada sino también sus sombras, su periferia oscura, la oscuridad desde donde la luz se revela. Si hay luz es porque hay sombras, pero además si hay luz es porque alguien o algo está iluminando una zona que luego se naturaliza como visible.(Darío Sztajnszrajber)

 

Introducción:

     En un mundo cada vez más globalizado, las tensiones entre los márgenes y el centro se profundizan, creando nuevas formas de exclusión social, económica y simbólica. La literatura contemporánea, como espejo de la realidad, expone estas dinámicas de opresión y resistencia, y en obras como Cometierra de Dolores Reyes, El viento que arrasa de Selva Almada, No es un río de la misma autora, Las zapatillas de Sarita de Juan Solá, Separados de Alejandra Kamiya y Mi mamá es electricista de Victoria Rozas, se retratan los universos de los personajes que habitan en estos márgenes, violencia y esteriotipos. Estos textos abordan las complejidades de la vida de los excluidos, en los cuales la marginalidad no solo es una condición social, sino también una construcción simbólica que define la identidad y la lucha por la supervivencia.

     A partir de las reflexiones de pensadores contemporáneos como Zygmunt Bauman, quien habla de la "modernidad líquida", y Marc Augé, con su concepto de los "no lugares", ¿qué es lo contemporáneo? De Giorgio Agamben, como la propuesta filosófica de Darío Sztajnszrajber sobre “Lo contemporáneo”, este ensayo busca examinar cómo la “sombra” de la  literatura de hoy presenta estos fenómenos iluminándolos. En este contexto, los personajes de estas obras se convierten en sujetos de una exclusión que, lejos de ser estática, se transforma constantemente con las nuevas dinámicas sociales, económicas y culturales.  

 

 

Cuando la Sombra de la Literatura ilumina la Contemporaneidad

 

     Cometierra (2019) novela de la escritora argentina Dolores Reyes. Es una obra que combina realismo social con elementos fantásticos y sigue la historia de una joven con el don de encontrar personas desaparecidas al ingerir tierra. La protagonista, conocida como Cometierra, vive en un entorno de violencia y marginalidad, donde su don la convierte en una especie de vidente que ayuda a familiares desesperados por encontrar a sus seres queridos. La novela denuncia la violencia de género, los feminicidios y la impunidad en Latinoamérica, mostrando cómo el cuerpo y la experiencia femenina son atravesados por el dolor y la lucha. “Había aprendido que de esa oscuridad nacían formas.” (Reyes 2019)

     El uso del lenguaje en Cometierra oscila entre la oralidad propia de los sectores urbanos marginales y un lirismo que irrumpe para retratar el horror y la muerte. Asimismo, es inevitable vincular los elementos sobrenaturales o fantásticos de la novela que dialogan en este “juego” de intertextualidad con la obra de dos grandes referentes de la literatura latinoamericana: Gabriel García Márquez y Juan Rulfo. En este sentido, el acto de comer tierra y escuchar a los muertos recuerda a Rebeca, la huérfana de Cien años de soledad, quien ingiere tierra y cal, así como a los personajes de Pedro Páramo, capaces de oír las voces de los muertos. Pensar que hay un texto (hipertexto) es porque hubo otro primero (hipotexto). Estas conexiones refuerzan la idea de que Cometierra se inscribe dentro de la tradición del realismo mágico, todo ello enmarcado en la dura realidad que atraviesa a muchos países del continente. “…y a Cometierra le tocó uno que hace su vida doblemente difícil, porque vive en un barrio en donde la violencia, el desamparo y la injusticia brotan en cada rincón y porque allí las principales víctimas son las mujeres.” (Reyes 2019)

     El viento que arrasa (2012) novela de Selva Almada, con una prosa sencilla pero intensa, cargada de simbolismo y tensión contenida nos narra la historia del Reverendo Pearson, un predicador evangélico carismático, y su hija Leni, quienes quedan varados en un taller mecánico en medio del Chaco debido a un desperfecto en su auto. Allí se encuentran con el Gringo Bauer, el mecánico, y su aprendiz Tapioca. El conflicto principal surge cuando el Reverendo quiere convertir a Tapioca al cristianismo, mientras Bauer, que ha criado al joven con una filosofía más libre, se opone. Aquí, Selva Almada, trabaja la marginalidad desde lo territorial y lo cultural en el cual los personajes transitan un espacio rural donde las jerarquías de poder y las creencias religiosas condicionan la existencia. El Reverendo Pearson y su hija Leni recorren paisajes que se convierten en una metáfora de un país fragmentado, donde la fe se superpone a la falta de oportunidades. “En cambio ella no tenía paraísos perdidos adonde volver. Hacía muy poco que había dejado la infancia, pero su memoria estaba vacía.” (Almada 2012)

“Si hay luz es porque hay sombras”

     En Los no lugares, Marc Augé desarrolla la noción de espacios de transitoriedad y anonimato, aquellos que no permiten la construcción de una identidad colectiva o un arraigo cultural, como aeropuertos, estaciones de servicio o centros comerciales. Estos lugares, caracterizados por la fugacidad y la falta de relaciones significativas, contrastan con los espacios tradicionales donde se desarrolla la vida comunitaria y la historia de las personas. En El viento que arrasa, Selva Almada nos sumerge en un escenario que puede leerse en tensión con esta idea. La historia transcurre en un taller mecánico perdido en la inmensidad de una ruta, un sitio que, en apariencia, es un espacio de paso y, por lo tanto, un "no lugar" según la definición de Augé. A unos cincuenta metros se levantaba la construcción precaria que hacía las veces de estación de servicio, taller y vivienda” (Almada 2012) Sin embargo, el taller de Gringo Bauer trasciende esa categoría porque se convierte en un espacio donde los personajes se encuentran, se confrontan y redefinen sus propios destinos. El encuentro entre el reverendo Pearson y su hija con el Gringo y Tapioca no es solo un cruce efímero, sino un punto de inflexión en sus vidas.

Los no lugares son tanto las instalaciones necesarias para la circulación acelerada de personas y bienes (vías rápidas, empalmes de rutas, aeropuertos) como los medios de transporte mismos o los grandes centros comerciales, o también los campos de tránsito prolongado donde se estacionan los refugiados del planeta. (Augé 1993, p. 41)

      Esta conexión sugiere que la novela de Almada juega con la idea del no lugar como espacio de tránsito, pero lo altera al dotarlo de identidad, memoria y conflicto. “Paseó la vista por el paisaje de árboles achaparrados, secos y retorcidos…desde el mismo día de la Creación este había sido un sitio abandonado por la mano de Dios.” (Almada 2012) Lo que parece una simple parada se transforma en un escenario donde las relaciones humanas cobran densidad, lo que desafía la lógica de los espacios de anonimato propuestos por Augé. Así, El viento que arrasa puede ser vista como una reflexión sobre la posibilidad de hallar sentido en lugares donde, en principio, solo hay vacío y fugacidad.

Pasado y futuro, ¿Un eterno presente?

     Continuamos con Selva Almada y su obra No es un río para dialogar con lo Lo contemporáneo de Darío Sztajnszrajber; donde plantea una reflexión filosófica sobre el tiempo, la identidad y la imposibilidad de definir lo contemporáneo como un presente estable. Según su visión, lo contemporáneo no es un tiempo fijo ni un concepto absoluto, sino una tensión entre pasado y futuro, una constante inestabilidad donde se cruzan memorias, ausencias y posibilidades.

“La filosofía siempre nos reconcilia con esa zona de angustia o dolencia existencial que nos devuelve a la conciencia de lo irrisorio, de lo lógico; al inexplicable absurdo de haber nacido para morir. Es la gran pregunta que todo el tiempo los humanos tratamos de esconder, de hacernos los tarados frente a ella, de olvidarla. Y para olvidar esa condición finita hacemos las cosas que hacemos: ir a la escuela, tener amigos, enamorarnos, ir a la cancha, tener patria, tener hijos, tener identidad. Parecerían casi un salvavidas para no caer en sa consciencia angustiante, tremenda, absurda, de que la cosa, en el fondo, no tiene fondo.” (Darío 2019)

     Almada construye su relato desde una estructura narrativa fragmentada que entrelaza tiempos y perspectivas, donde el pasado se filtra en el presente de los personajes, configurando una realidad en la que la memoria y la ausencia de los muertos son tan palpables como la vida misma. La novela transcurre en un pueblo donde el río se convierte en un símbolo del tiempo fluido, de lo que fue y sigue siendo, y donde la tragedia ocurrida marca una herida que nunca se cierra del todo. La trama de la narración alterna el pasado y el presente, y conforma una red ambigua, donde lo real y lo onírico se confunden. “Enero se despertó de nuevo todo mojado, como si en la realidad acabara de salir del arroyo de la pesadilla.” (Almada 2020) Es un lugar caótico donde se encuentran los vivos con los muertos, la última frontera en donde desaparece la silueta de los personajes. Es un paisaje sin gente. Si lo pensamos en términos de Sztajnszrajber, la obra de Almada dialoga con su idea de lo contemporáneo porque no se ancla en una temporalidad definida: los personajes viven en un presente cargado de pasado, donde la ausencia de los muertos sigue ejerciendo una influencia sobre los vivos. En este sentido, la novela desafía la linealidad del tiempo y muestra cómo lo contemporáneo no es solo lo actual, sino aquello que sigue retornando, que se mantiene en tensión entre lo que fue y lo que aún puede ser. Un verano como este. Hace veinte años, un verano como este. La misma isla o la de al lado o la de más allá. En el recuerdo la isla es una sola, sin nombre propio ni coordenadas precisas.” (Almada 2020)

“Lo contemporáneo es poder visualizar no solo la zona iluminada

sino también sus sombra”

     La historia sigue a tres amigos, Eusebio, el Negro y el Turco, que van de pesca a un río en una zona rural. Sin embargo, lo que empieza como una escapada entre amigos se convierte en una experiencia marcada por la violencia y la memoria de un amigo muerto, que sigue presente en sus pensamientos y conversaciones. “Algo lo molestaba de su presente en ese lugar de mala muerte y algo de su pasado, como si fuera dos personas distintas que solamente se parecen en la incomodidad.” (Almada 2020) La novela se adentra en la fragilidad de la masculinidad, los códigos de la amistad, la culpa y la inevitabilidad del destino tan actual como el presente mismo.

La contemporaneidad es, entonces, una singular relación con el propio tiempo, que adhiere a él y, a la vez, toma distancia; más precisamente, es aquella relación con el tiempo que adhiere a el a través de un desfasaje y un anacronismo. Aquellos que coinciden demasiado plenamente con la época, que encajan en cada punto perfectamente con ella, no son contemporáneos porque, justamente por ello, no logran verla, no pueden tener fija la mirada sobre ella. (Giorgio Agamben, 2008)

 

Identidad y tiempo

     Alejandra Kamiya en Separados construye una narración en la que el tiempo familiar se desarma y se reconstruye en la memoria de la protagonista. “Nunca pregunté los motivos, porque cuando se separaron yo era demasiado chica; después ya estaba acostumbrada y no me lo pregunté a mí misma, y de adulta, con solo verlos, la respuesta se me hacía obvia: me era imposible imaginarlos juntos”. (Kamiya 2021) La separación de los padres, la enfermedad, los cambios en la relación con su hermano y la manera en que estos eventos se viven desde la infancia hasta la adultez crean un relato que no sigue una línea temporal estricta, sino que se construye a partir de recuerdos y sensaciones. La protagonista experimenta el tiempo de forma fragmentada, con un pasado que irrumpe en el presente y que le da sentido a su identidad. Separados encarna la idea de Sztajnszrajber de que lo contemporáneo no es solo lo actual, sino un campo de tensiones entre diferentes temporalidades. La figura del cuento no es solo quien es en el presente, sino que es también el cúmulo de los recuerdos de su familia, de su infancia, de la enfermedad de su madre, del alejamiento de su hermano. Su identidad se compone de esos instantes superpuestos, que siguen resonando y transformándola. Permitamosno pensar en: cómo la experiencia personal y familiar no es un devenir lineal, sino una constelación de momentos que se reconfiguran constantemente, revelando que la identidad y la memoria son, en esencia, contemporáneas en su tensión con el pasado.

                                                                                                                             

 

Libertad líquida

     Bauman Zygmunt describe la modernidad líquida como una época marcada por la inestabilidad, donde los lazos sociales son efímeros y las personas más vulnerables quedan a la deriva en un sistema que las descarta con facilidad. En Las zapatillas de Sarita de Juan Solá, vemos esta realidad reflejada en la vida de la protagonista, quien experimenta la crudeza de un mundo en el que su existencia es casi invisible para los demás.

Esa grata sensación, sin embargo, deja un gusto amargo, ya que aunque "convertirse" sugiere que nada ha terminado y que todo está por delante, el "ser alguien" que esa conversión promete augura el silbato final del árbitro: "no eres más libre cuando has alcanzado tu propósito, no eres tú mismo cuando te has con-vertido en alguien". El estado de incompletud e indeterminación implica riesgo y ansiedad, pero su opuesto tampoco produce placer, ya que cierra todo aquello que la libertad exige que permanezca abierto. (Bauman 2002)

     El símbolo de las zapatillas puede leerse como una representación de la fragilidad de la pertenencia y de la identidad en un mundo donde los objetos de consumo determinan el valor de una persona. Bauman menciona que en la modernidad líquida, las personas son tratadas como productos descartables cuando dejan de ser útiles o cuando no encajan en la lógica del sistema. Sarita, con su historia marcada por la pobreza y la exclusión, es un ejemplo de esta condición. “La tía Nora vino con un paquete y mi mamá le dijo que muchas gracias, que no se hubiera molestado, y ella dijo que feliz cumpleaños, sobrino, que no era nada. Que era ropa que Augusto no quería usar, pero que estaba nuevita”. (Solá 2018) Observamos en el cuento la idea de la "superfluidad humana" de Bauman: aquellos que no encajan en el sistema quedan relegados a la periferia, convertidos en "residuos humanos" y que hoy la Sombra de la literatura los ilumina. Sarita representa a esas infancias invisibles para una sociedad que avanza sin mirarlas, reforzando el carácter desechable de ciertas vidas dentro del modelo de modernidad que describe Bauman.

     Zygmunt también analiza cómo esta liquidez afecta a la identidad, el amor, el consumo y la comunidad, destacando la inestabilidad de los vínculos humanos y la creciente sensación de incertidumbre en la vida cotidiana. Señala, además, en la modernidad líquida las estructuras sociales son inestables y cambiantes, lo que provoca incertidumbre y precariedad en la vida de los individuos brindándoles cierta “libertad”. Esta idea puede vincularse con la exclusión y marginalidad en las novelas, donde los personajes suelen habitar espacios periféricos (en las sombras) y enfrentan una sociedad que los despoja de estabilidad y oportunidades.

“…si hay luz es porque alguien o algo está iluminando una zona

 que luego se naturaliza como visible”

Vinculo: https://www.youtube.com/watch?v=PhnvYGjXS7E

Canción de Calle 13: Latinoamérica.

“…Soy la fotografía de un desaparecido, la sangre dentro de tus venas, soy un pedazo de tierra que vale la pena…” (Calle 13) Canción, un manifiesto lírico y político que habla desde los márgenes, desde las raíces, desde lo oprimido. Tiene una carga simbólica muy potente, una estética literaria y un mensaje profundamente alineado con las obras que venimos analizando en el ensayo (como Cometierra, El viento que arrasa o Separados). Una voz de aquellos que no la tienen.

 

Lo contemporáneo rompiendo esteriotipos

      Desde la perspectiva de Zygmunt Bauman en Modernidad líquida, el cuento Mi mamá es electricista de Victoria Rozas, refleja los cambios en las estructuras sociales y laborales, donde las identidades y roles antes considerados fijos ahora son flexibles. La figura materna rompe con la concepción tradicional del trabajo femenino, demostrando que las profesiones ya no están rígidamente determinadas por el género. Este fenómeno se enmarca en la idea de Bauman sobre la disolución de las certezas sólidas y la transformación constante de la sociedad. “-Pero, Anita, dijimos nuestra mamá y papá… Jajajajaja. ¿Electricista? ¿En serio? –dijo mientras se reía colgada del mástil de la bandera del patio de afuera. (Rozas 2009)

     Por otro lado, desde Darío Sztajnszrajber el cuento pone en escena un cuestionamiento de los valores heredados y evidencia cómo la actualidad reconfigura los imaginarios sociales. Lo contemporáneo, en este sentido, es el acto de desafiar las narrativas impuestas y visibilizar nuevas formas de existir. La madre del cuento encarna esta ruptura, introduciendo una mirada que, aunque todavía enfrenta resistencias, se abre paso en la realidad del siglo XXI.

      Podemos afirmar que el relato puede leerse como una manifestación de las transiciones contemporáneas: la crisis de los roles tradicionales y la posibilidad de redefinir las identidades dentro de una modernidad líquida, donde lo fijo se deshace y lo nuevo se construye en un flujo constante.

     La historia, contada desde la mirada de una niña, narra con orgullo y admiración la profesión de su madre: electricista. A través de situaciones cotidianas y con un lenguaje simple y afectivo, la narradora describe cómo su mamá trabaja arreglando cables, subiendo escaleras, usando herramientas y resolviendo problemas eléctricos con gran habilidad. Lo que en apariencia puede parecer una anécdota sencilla, se convierte en un relato poderoso sobre la ruptura de estereotipos de género: la figura materna desafía la idea tradicional de que ciertos oficios son “para varones”, y lo hace con alegría, profesionalismo y pasión.

 

Lo contemporáneo como mirada hacia la oscuridad

      Agamben parte de una pregunta provocadora: ¿Quién es verdaderamente contemporáneo? La respuesta, lejos de ser simple, se despliega a través de una reflexión filosófica y poética. Para él, el contemporáneo no es quien simplemente vive en su tiempo, sino quien sabe ver la oscuridad, sombra de su época. Compara al contemporáneo con el ojo que se adapta a la oscuridad, como sucede con ciertos animales nocturnos. La oscuridad no es ausencia de luz, sino una luz que no nos llega directamente. Así, el contemporáneo es quien sabe percibir esa oscuridad, captando lo que en su época aún no puede verse del todo, lo que está en la sombra, este es el desafío en el cual nos encontramos, leyendo éstas “sombras”.

La contemporaneidad y sus relatos, apertura a nuevas posibilidades

     Agamben sugiere que ser contemporáneo es una tarea, no un estado automático. Requiere atención, pensamiento crítico y disposición a ir contra el flujo de lo establecido, como quien nada contra la corriente para entender mejor hacia dónde va el río. En este sentido, el cuento Mi mamá es electricista se vuelve contemporáneo porque ilumina una zona silenciada: la mujer trabajadora en oficios tradicionalmente masculinos, y más aún, la madre trabajadora desde la mirada amorosa de una hija. Hay una tensión entre los modelos sociales tradicionales y la posibilidad de nuevas identidades femeninas y familiares que emergen en lo cotidiano.

Lo contemporáneo como tarea: enseñar a mirar distinto

     Agamben propone que ser contemporáneo es una tarea ética y política: implica hacerse cargo de lo que el presente esconde o niega. El cuento de Pereyra Rozas enseña a mirar desde otro lugar: a través del amor, del juego, del orgullo de una hija, nos invita a repensar el trabajo, el género, la familia y los afectos como espacios abiertos, móviles y no fijos. Esta capacidad de revelar lo que la sociedad aún no logra integrar del todo es, precisamente, lo que lo vuelve profundamente contemporáneo. "Mi mamá es electricista", desde la mirada de Agamben, se vuelve un acto contemporáneo porque, con ternura y claridad, ilumina la oscuridad de una época que aún necesita reconfigurar sus imágenes sobre la mujer y la maternidad.

La idea de Canon

¿Podemos decir que estas obras forman parte del canon literario? ¿Existe un nuevo canon literario?

Por su parte, el canon es la forma en que se arma, con los textos del corpus, el conjunto del paradigma estético de una época. Aunque en menor medida que el corpus, también está ligado a la idea de organización nacional de una cultura y tiene que ver con la constitución de clásicos. Los clásicos son textos que cultural y convencionalmente se instituyen como modelos. En sociedades modernas, con públicos anónimos y en donde los bienes culturales se acrecientan y sirven igualmente para integrar y discriminar, los clásicos resumen el conjunto de valores que se consideran estéticos. (Bachmann 2022)

     El canon literario, como construcción cultural e ideológica que, valida y consagra ciertos textos como representativos de una época, una estética o una identidad nacional. Si bien tradicionalmente ha sido definido por instituciones como la escuela, la crítica literaria o las editoriales hegemónicas, en la contemporaneidad, ese canon está siendo cuestionado, ampliado y, en algunos casos, reconfigurado. Autores y autoras como Selva Almada, Victoria Rozas o Juan Solá no siempre circulan dentro del canon tradicional, pero sí participan activamente de lo que podríamos llamar un nuevo canon alternativo o emergente, que nace en la intersección entre los márgenes sociales y los márgenes literarios. Estas voces atravesaron los límites, las fronteras, dado que problematizan las representaciones dominantes, desplazan el centro del relato nacional hacia zonas periféricas: lo rural, lo popular, lo femenino, lo no urbano. “Algunas escrituras del presente que han atravesado la frontera literaria...se terminan formalmente las clasificaciones literarias; es el fin de las guerras y divisiones y formas del realismo o de la vanguardia, de la "literatura pura" o la "literatura social" o comprometida, de la literatura rural y la urbana…” (Ludmer 2006)

     Entonces, ¿forman parte del canon? Si nos atenemos al canon tradicional, tal vez aún no. Pero si entendemos que el canon no es una estructura fija, sino una construcción dinámica que puede ser discutida, reformulada y ampliada, entonces estas voces están disputando su lugar en él. Podemos decir que estamos presenciando el surgimiento de un nuevo canon, más plural, más diverso, más representativo de los conflictos y sensibilidades del presente, de lo “contemporáneo”.

 

 

 

 

 

Conclusión

     La literatura contemporánea se convierte en un espacio privilegiado para iluminar las zonas de sombra que la sociedad muchas veces prefiere no mirar. A través de las obras analizadas se evidencia cómo las narrativas de los márgenes visibilizan realidades invisibilizadas, permitiendo una lectura crítica de las exclusiones, las desigualdades y las violencias que persisten en la actualidad. Desde los cuerpos que habitan el dolor en silencio hasta los espacios rurales y urbanos donde se juegan los destinos, los personajes representan una contemporaneidad en tensión: un presente atravesado por el pasado y por lo que aún no termina de suceder. En diálogo con autores como Sztajnszrajber, Agamben, Bauman y Augé, estas obras nos invitaron a mirar más allá de la luz evidente, a sumergirnos en las sombras que configuran nuestras identidades, nuestras memorias y nuestras luchas. Así, la literatura no solo refleja el mundo, sino que lo interroga, lo desestabiliza y, al hacerlo, nos ofrece la posibilidad de pensarnos desde otro lugar: más conscientes, más críticos, más humanos.

 

Bibliografía

Agamben, Giorgio. (2008) “¿Qué es lo contemporáneo?” PDF. Clase 1. Literaturas Contemporáneas.

Almada, Selva. (2012) “El viento que arrasa”. Editor digital: gertdelpozo.

Almada, Selva. (2020) “No es un río”. Random House. Grupo Editorial.

Augé Marc. (1993) “Los no lugares”. Editorial Gedisa. Barcelona.

Bachmann, Virginia. (2022) “Respecto de las categorías corpus y canon” Clase 5. Lecturas Críticas II. 2023.

Bauman, Zygmunt. (2002) “Modernidad Líquida”. Fondo de cultura económica de Argentina S.A.

Reyes, Dolores. (2019) “Cometierra”. Editor digital: Samarkanda.

Rozas, María Victoria. (2009) “Mi mamá es electricista.” Librería de mujeres editoras. PDF. Literaturas Contemporáneas. 2025.

Ludmer, Josefina. (2006) “Literaturas postautónomas”. Material PDF. Lecturas Críticas II. 2023.

Solá Juan. (2018). “Las zapatillas de Sarita-La parte más honda del río-Los hipopótamos transpiran rosado”. Clase 2, aula, PDF. Literaturas Contemporáneas. 2025.

Sztajnszrajber, Darío. (2019) “Lo contemporáneo”. Clase 1, aula PDF. Literaturas Contemporánea. 2025.

Kamiya, Alejandra. (2021) “Separados”. PDF. Clase 2, aula, PDF. Literaturas Contemporáneas. 2025.

 

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