¿Quién es tu cobertura? Parte 4 Frank Viola

 1 Corintios 12:28 dice: “Y, ciertamente, a unos Dios puso en la iglesia, primeramente apóstoles; lo segundo, profetas; lo tercero, maestros. . .” ¿No describe este texto una jerarquía de oficiales eclesiásticos?

Esta pregunta deja ver nuestra inclinación a leer la Escritura con los lentes contaminados de la jerarquía humana. Insistir en que cada relación debe entenderse en términos jerárquicos uno-arriba/uno-abajo es una manía peculiarmente Norteamericana. De aquí que cada vez que encontramos en el NT una lista estructurada (como 1 Corintios 12:28), parece que no podemos escapar de inferir que allí se implica una jerarquía. 

 Sin embargo, a nosotros como Occidentales del siglo XX, nos gusta pensar en términos organizativos al estilo organigrama, pero la Biblia nunca hace así. Pensar que toda lista estructurada que vemos en la Escritura contiene alguna clase de jerarquía velada es un supuesto injustificado. Tratar de ver una jerarquía en el catálogo de dones de 1 Corintios 12:28 no muestra sino una mala interpretación de Pablo, influenciada culturalmente. 

La cuestión de las estructuras de autoridad no aparece en ninguna parte en este texto. Una buena exégesis de este pasaje no nos conducirá a ninguna idea de jerarquía. ¡Somos nosotros los que imponemos esta idea al texto! Una lectura más natural de este pasaje entiende que el orden refleja una prioridad lógica, en vez de jerárquica. En otras palabras, el orden muestra algunos dones más grandes con respecto a la edificación de la iglesia (compárese con 1 Cor. 12:7,31; 14:4,12,26). Esta interpretación armoniza perfectamente con el contexto inmediato en que aparece (1 Cor. 12-14). Pablo está diciendo que dentro del ámbito de la edificación de la iglesia, el ministerio del apóstol es fundamental. Esto se debe a que los apóstoles dan nacimiento a la iglesia y la sostienen durante su desarrollo prenatal. 

Los apóstoles rompen el terruño y plantan la semilla de la ekklesía. (Y esa semilla es Cristo). Ya que los apóstoles ponen el cimiento de la iglesia, se les coloca primero (cronológicamente) en la obra de la edificación de la iglesia (Rom. 15:19-20; 1 Cor. 3:10; Efe. 2:20). Es significativo que mientras que los apóstoles son colocados en primer lugar en el esquema de formación de la iglesia, ¡figuran al último a los ojos del mundo –Mat.20:16; 1 Cor. 4:9!

 Los profetas aparecen en segundo lugar en la lista. Esto indica que siguen inmediatamente a los apóstoles por lo que valen para la edificación de la iglesia. Mucha confusión (y abuso) rodea la función del profeta. En pocas palabras, los profetas proveen a la iglesia de visión y estímulo espiritual. Como los apóstoles, los profetas revelan el misterio del propósito de Dios para el presente y el futuro (Hech. 15:32; Efe. 3:4-5). También arrancan de raíz las malas hierbas para que la iglesia pueda crecer libre de estorbos. A los maestros se les menciona en tercer lugar, indicando con ello que siguen a los profetas en el valor de sus dones para la edificación de la iglesia.

 Los maestros colocan a la iglesia sobre terreno doctrinal sólido y proveen de instrucción con respecto a los caminos de Dios. También pastorean a los santos en tiempos difíciles. Continuando con la metáfora, el maestro riega la semilla y fertiliza la tierra para que la iglesia pueda crecer y florecer. Si examinamos al maestro de una manera cronológica, los maestros construyen la superestructura de la iglesia después de que los apóstoles y los profetas han erigido la planta baja. 

 Esta interpretación de 1 Corintios 12:28 sigue mucho mejor el hilo del pensamiento de Pablo, que la idea de una estructura de mando jerárquica donde los apóstoles “hacen valer sus privilegios” sobre los profetas - y los profetas hacen lo mismo con los maestros. Además, esta interpretación trae a un primer plano un importante principio espiritual:¡la ausencia de autoridad jerárquica no significa que hay igualdad en los dones! Mientras que el NT afirma que todos han recibido dones y tienen un ministerio, asimismo demuestra que Dios distribuye Sus dones de una manera variada (1 Cor. 12:4-6). 

Si bien cada don es valioso para el Cuerpo de Cristo, algunos dones son más grandes que otros dentro de sus respectivas esferas (Mat. 25:14-15; 1 Cor. 12:22-24,31; 14:5). Esto no significa que los que tienen dones más grandes son más grandes en autoridad (o valía intrínseca) en algún sentido formal. Pero Dios ha llamado a cada uno de nosotros a una obra diferente. Y algunos tienen dones más grandes para distintas tareas. Por ejemplo, algunos son llamados para plantar iglesias. 

Otros, para el evangelismo local. Y aún otros reciben dones para mostrar misericordia. Todos tienen diferentes dones diferentes con diferentes responsabilidades. Algunos tienen mayor responsabilidad que otros (Rom. 12:6; Ef. 4:7). Dentro de la esfera de nuestros dones, cada miembro es indispensable para la sobreedificación general de la iglesia –aun aquellos miembros cuyos dones no son externamente impresionantes (1 Cor. 12:22-25). Por consiguiente, cada cristiano en la casa del Señor es responsable de usar e incrementar sus dones. A todos se nos advierte contra la tentación de ocultarlos bajo tierra por temor (Mat. 25:25). 

 En suma, la idea de que 1 Corintios 12:28 denota alguna clase de jerarquía eclesiástica carece de fuerza argumentativa. El texto tiene en mente los dones más grandes, considerados en el trasfondo del orden cronológico de la construcción de la iglesia. Esto no señala a la ley del más fuerte de una jerarquía eclesiástica o a una escalera autoritativa por la que los cristianos deben de subir. 

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