¿Quién es tu cobertura? Parte 2
La Noción de Sujeción del NT
La palabra Griega que se traduce más a menudo como “someter” en el NT es el vocablo Hupotáso. Una mejor traducción de este término es “sujeción”. De acuerdo al uso más común del NT, la sujeción es una actitud voluntaria de ceder, cooperar y permitir que otros nos amonesten y aconsejen.
La sujeción Bíblica no tiene nada que ver con control o poder jerárquico. Es simplemente una actitud de apertura, como la que manifiestan los niños, dando nuestro consentimiento a los demás en la medida en que ellos reflejan la mente de Cristo. La sujeción Bíblica existe y es preciosa. Pero debe comenzar con lo que Dios desea y con lo que el NT asume: Es decir, que nosotros, individual y corporativamente, estamos sujetos a Cristo Jesús; que nos sujetamos unos a otros, en el lugar donde nos reunimos; y que nos sujetamos a aquellos obreros probados y dignos de confianza que sirven al Cuerpo de Cristo de una manera sacrificada.
Quiero acentuar “probados y dignos de confianza” porque abundan los falsos apóstoles y profetas. Es responsabilidad de la hermandad local examinar a los que afirman ser obreros de Dios (1 Tes. 1:5; 2 Tes. 3:10; Ap. 2:2). Por esta razón, la Biblia nos exhorta a sujetarnos a los líderes espirituales a causa de su noble carácter y servicio espiritual ( 1 Cor. 16:10-11, 15-18; Fil. 2:29-30; 1 Tes. 5:12-13; 1 Tim. 5:17; Heb. 13:17).
Quizás el texto más luminoso que debemos considerar en toda esta discusión es Efesios 5:21, que dice, Someteos UNOS A OTROS en el temor de Cristo. El apóstol Pedro se hace eco del mismo pensamiento, cuando dice: Y todos, revestíos de humildad LOS UNOS PARA CON LOS OTROS; porque: Dios resiste a los arrogantes y da gracia a los humildes. (1 Ped. 5:5) La Biblia no enseña una “cobertura protectora”. Más bien, enseña la sujeción mutua.
La sujeción mutua se basa en la noción del NT de que a todos los creyentes les han sido dados dones. Como tales, todos ellos pueden expresar a Cristo. Por lo tanto, debemos estar sujetos unos a otros. La sujeción mutua está cimentada de igual forma en la revelación del Cuerpo de Cristo. Es decir, la autoridad Divina ha sido conferida a todo el Cuerpo y no sólo a una sección particular de él. (Mat. 18:15-20; 16:16-19; Efe. 1:19-23). En la eclesiología de Dios, la ekklesía es una sociedad teocrática y participativa en la que la autoridad Divina está diseminada entre todos los que poseen el Espíritu. Dios no ha delegado Su autoridad a algún individuo o segmento de la iglesia. Por el contrario, Su autoridad reside en toda la comunidad. Cuando los miembros de la comunidad creyente desempeñan sus ministerios, la autoridad espiritual se dispensa a través de los dones que han recibido del Espíritu. En el fondo, la sujeción mutua demanda que nos demos cuenta de que somos miembros de algo más grande que nosotros mismos –un Cuerpo.
También exige que reconozcamos que somos inadecuados en nosotros mismos para cumplir el propósito más alto de Dios. La sujeción mutua descansa en la afirmación humilde, y sin embargo realista, de que necesitamos la aportación de los demás hermanos. Admite que no podemos ser buenos Cristianos por nosotros mismos.
De esta manera, la sujeción mutua es indispensable para estructurar una vida Cristiana normal. Entender la sujeción mutua significa lo siguiente: Quiere decir que estás abierto al Señor para que te corrija por medio de cualquier creyente, que estás abierto para ser reprendido y castigado (por el Señor) sin que importe quién lleve el látigo. Expresa que permites a los demás que hablen a tu vida.
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